Capítulo 9

Caiatl estaba sentada, a solas, en sus aposentos privados. Había alzado la vista, sobresaltada tras despertar de su ensoñación, cuando Taurun llegó.

"Emperatriz", dijo Taurun, inclinándose. Le gustaba seguir el protocolo a rajatabla. "Los otros consejeros esperan una decisión sobre la llegada al sistema Sol".

Caiatl le lanzó una mirada irónica. Como si no lo supiera.

Taurun esperó. Cuando vio que Caiatl no respondía, decidió ir un paso más allá. "¿Has decidido algo?".

Caiatl suspiró y se acomodó en su asiento. "Todavía no", dijo. "Aún tengo que sopesar muchas cosas. Siéntate".

Taurun dudó, atrapada entre el protocolo y las órdenes directas de su emperatriz. Se sentó lentamente ante ella.

"Los guardianes han matado a Ghaul", dijo Caiatl.

"Sí", respondió Taurun.

"Según dicen, también han matado a enemigos más poderosos".

"A otras deidades de la colmena. A uno de los grandes gusanos".

"Y a un hermano de Xivu Arath", añadió Caiatl.

"Quizá, entonces, el coste de esta operación no compensa los beneficios", reflexionó Taurun.

"Debemos usar todos los recursos que tenemos a nuestra disposición", dijo Caiatl.

Taurun permaneció en silencio.

Caiatl se inclinó bruscamente. "¿Tenemos que declarar la guerra para recuperar a la Legión?".

De nuevo, Taurun se quedó en silencio. Por fin, dijo cuidadosamente: "¿No crees que ganaríamos?".

Caiatl vio la daga escondida en la pregunta de Taurun. "Ganaríamos", respondió. "Después de una larga y agotadora guerra. Después de sufrir enormes pérdidas y quedar expuestos a más devastación por parte de la diosa de la guerra".

Taurun quedó pensativa. "Sí, probablemente". Estudió el rostro de Caiatl. "¿Qué sugieres?".

"Negociaremos", dijo Caiatl en voz baja. "Con los guardianes".

Taurun, como de costumbre, guardó silencio. "A algunos de los consejeros no les gustará la idea".

"Lo sé", dijo Caiatl para luego desviar la mirada. "A mí tampoco".

"Tendrás que hacer algo por ellos. Un guiño a nuestro legado como conquistadores. Si lo ven como una verdadera negociación entre iguales…", Taurun se detuvo.

"Lo llamarán debilidad", terminó Caiatl.

Taurun asintió. "Sobre todo, después de huir de Torobatl".

Compartieron otro momento de silencio. El dolor provocado por la creciente tensión presionaba las sienes de Caiatl.

Volvió a hablar, con evidente agotamiento en la voz: "Entonces, exigiremos a los guardianes que se arrodillen".